Javi López, eurodiputado socialista: “La UE está encajonada entre el autoritarismo de Putin y el decisionismo de Trump”

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La Unión Europea echó a andar en 1957 con la firma de los Tratados de Roma. En el año en el que se conmemora su 60 aniversario y tras décadas de relativa paz y estabilidad en Europa, son muchas las dudas que se ciernen sobre un proyecto de integración único en el mundo. La peor crisis de su historia parece haber llegado para quedarse sin que nadie sepa a ciencia cierta cómo o cuándo terminará.

Los acontecimientos previstos para 2017, como las elecciones en Francia y Alemania o las negociaciones sobre el Brexit, harán de éste un año clave que definirá el rumbo de la Unión. Por ello, en El Impuntual ofrecemos una serie de entrevistas a eurodiputados españoles a través de las cuales abordan la actualidad europea e internacional y dan su visión sobre el futuro de la UE.


Entrevista a Javi López, eurodiputado del grupo S&D

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Javi López (Madrid, 1985) es diputado del grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) en el Parlamento Europeo desde las pasadas elecciones de 2014. Candidato del Partido Socialista Catalán (PSC), López se convirtió en el eurodiputado más joven elegido en España en aquellas elecciones. Licenciado en derecho, es titular en la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales y miembro de la Comisión de Exteriores y de la Delegación en la Asamble Parlamentaria Euro-Latinoamericana. Desde 2014 también es el secretario de política internacional y europea del PSC. Javi López cita a El Impuntual en una de las cafeterías más concurridas de la Eurocámara, donde nos ofrece su visión sobre la UE, Trump y el proyecto socialdemócrata.

¿Cómo se está viviendo en el Parlamento Europeo (PE) la llegada de Donald Trump al poder y su apoyo a líderes eurófobos?

Lo vivimos con una enorme preocupación. Es cierto que afecta en diferentes campos. En primer lugar, la de Trump es la primera administración americana abiertamente hostil a la integración europea. El posible embajador para asuntos europeos que quieren presentar llegó a comparar la semana pasada a la Unión Europea (UE) con la Unión Soviética. Y todo esto supone un contraste enorme, porque la administración Obama puede que haya sido la más proeuropea que ha tenido nunca Estados Unidos. Obama era un presidente que miraba con admiración el proceso de integración europeo. Trump es además hostil a las ideas, valores y principios que debieran vertebrar el proyecto comunitario. En tercer lugar, se trata de una amenaza en términos de seguridad. Europa queda encajonada entre una América hostil, una Rusia autoritaria muy agresiva, un Oriente Medio y norte de África en llamas y por último, una China que representa un modelo social y político muy diferente al nuestro. La UE está atrapada entre el autoritarismo de Putin y el decisionismo de Trump.

Afirmaste en Twitter que las políticas de Trump no eran comparables con las de la UE. ¿Por qué? 

Lo dije porque en el debate político nacional vi a varios dirigentes comparar a Rajoy o a la UE con Trump. Seguro que tanto Rajoy como la UE merecen una larga lista de críticas, pero entiendo que esta comparación forma más parte de la propaganda del debate político en España, donde se pretende usar a Trump como herramienta. Yo sería más cuidadoso porque, en el fondo, comparando a Trump con Rajoy lo que hacemos es banalizar lo que está pasando en EEUU. El país está viviendo una deriva que se puede calificar de autoritaria. Es una amenaza real para la estabilidad internacional en el orden geopolítico y en el orden democrático que no habíamos visto hasta ahora. A la UE se le puede criticar su gestión de la crisis del euro y de la crisis de refugiados. Sin embargo, comparar la prohibición de entrada de 150 millones de musulmanes con lo que hace la UE, donde tenemos países como Alemania que ha acogido a un millón de personas solo en el año 2015, me parece obtusoSupongo que se hace con un simple interés partidista y habría que tener más cuidado porque estamos hablando de un tema radioactivo.

“Europa queda encajonada entre una América hostil, una Rusia autoritaria muy agresiva, un Oriente Medio y norte de África en llamas y por último, una China que representa un modelo social y político muy diferente al nuestro”

¿Crees que este nuevo contexto internacional tan adverso para la UE puede servir para unir y comprometer más a los Estados miembros con el proyecto europeo?

Sí, debería. Hay varios analistas internacionales que están apuntando en esta dirección. El nuevo contexto podría suponer también una oportunidad. Trump puede ser un acicate para la integración y representar esos valores que hoy vemos amenazados y que no han guiado, como deberían haber hecho, la acción de la UE durante los últimos años. Esa sería una de las posibles reacciones. Además, la vocación europeísta a día de hoy no es una cuestión de convicciones, sino de necesidades. Muchos hemos llegado al europeísmo por convicción, pero hoy hay que explicar que se trata de una necesidad. En el mundo de Theresa May, Donald Trump y una China con un modelo social opuesto al nuestro, si no estamos unidos, será imposible salir adelante.

¿Crees que Bruselas ha echado el freno a nivel legislativo?

Hay muchos factores. El primero, la respuesta de la opinión pública. Los gobiernos nacionales han ido poniendo el freno después del paso hacia adelante que supuso el Tratado de Lisboa. La sucesión de crisis que ha vivido Europa -del euro, de refugiados y la salida de un socio comunitario como Reino Unido-, ha ido resituando el poder en los gobiernos nacionales, especialmente en uno, el alemán, y ha ido limando el poder del método de decisión comunitario. La crispación pública se explica por diferentes motivos, como los errores en las gestiones de estas crisis y la propaganda de algunos actores políticos en Europa, que han actuado de forma irresponsable intentando utilizar a Bruselas como chivo expiatorio ante los problemas de la ciudadanía. Hay una mezcla entre realidades y percepciones que ha provocado que los gobiernos hayan pisado el freno de la integración en contra de lo que dicen los Tratados. El Parlamento Europeo legisla mucho menos pero querría legislar mucho más. Nos falta iniciativa legislativa.

La UE tiene por delante un 2017 convulso tanto a nivel interno como externo. ¿Qué podemos esperar?

Sin duda este es un año de interpass. Como mínimo vamos a tener tres elecciones muy importantes en Francia, Alemania y Holanda, y probablemente haya también elecciones en Italia. Primero tendremos que estar muy atentos a las elecciones francesas, porque van a ser la prueba de fuego a un proyecto europeo que está debilitado. Si gana Marine Le Pen, puede significar el fin de la UE tal y como la hemos conocido hasta ahora. También en Alemania, donde todo indica que Merkel puede revalidar la mayoría pero la socialdemocracia ha movido ficha colocando a Martin Schulz de candidato, lo que es una buena noticia para los europeístas. Que un político tan europeísta como Schulz pueda convertirse en canciller alemán es una buena noticia. Por último está Holanda, donde todo parece indicar que Wilders va a ganar las elecciones, aunque tendría difícil llegar a ser primer ministro. Hay que estar muy pendiente de todo esto y ver cómo va a actuar la UE en un momento en el que va a estar más sola que nunca.

“En el fondo, lo que padecemos es una crisis de la democracia donde los actores tradicionales reciben el primer golpe”

Los partidos abiertamente eurófobos están creciendo en las encuestas. ¿Qué ha hecho mal la socialdemocracia para no recoger nada de ese descontento?

A nosotros se nos ve parte de Europa. Quienes están recibiendo el desgaste son principalmente los partidos tradicionales. Se debe al descontento que han ido generando medidas en el plano económico, como la austeridad, la ruptura del contrato social o la precarización del trabajo. En el ámbito cultural se ha producido una crisis de identidad que hace que la gente busque mirar el mundo con las gafas de sus propios prejuicios. No hemos sabido responder a ambos fenómenos durante los últimos años, y con esto no me refiero solo a la socialdemocracia sino a todos los actores políticos tradicionales. Deberíamos ser capaces de combatir ese descontento pero a la vez responder de forma eficaz al origen de ese malestar porque sigue ahí. En el fondo, lo que padecemos es una crisis de la democracia donde los actores tradicionales reciben el primer golpe.

¿Qué reformas necesita la UE para adaptarse mejor a la nueva situación? ¿Cuál es vuestra propuesta como socialistas europeos?

La UE necesita varias reformas. En primer lugar, la dimensión social, que es el alma del proyecto europeo, está profundamente dañada. Defendemos que Europa no debe ser solo un espacio donde compartir billetes, sino donde también compartir derechos laborales, de acceso a servicios públicos, de igualdad de género. Por ejemplo, que haya una prestación por desempleo a nivel europeo, una tabla de salarios mínimos, renta mínima garantizada como herramienta de lucha contra la pobreza, renta universal por niño, etc. Todas estas ideas están encima de la mesa. En segundo lugar, hace falta completar la zona euro porque buena parte de nuestros problemas vienen por unas políticas erróneas de austeridad pero también institucionales. Europa no estaba preparada para afrontar lo que ha afrontado. Necesitamos un presupuesto real a nivel europeo con capacidad contracíclica, que el Banco Central Europeo emita deuda y completar el diseño de la moneda única, además de escapar de la obsesión por la norma y la tiranía del déficit.

“Si quieren garantizar sistemas democráticos estables tienen que cuidar las desigualdades y combatirlas”

Además, hay que impulsar una mayor integración política que reduzca los problemas de representación democrática que tiene actualmente la UE. Tiene que haber una política exterior reforzada, política de seguridad común que necesitamos para poder estabilizar nuestra vecindad y poder enfrentarnos a conflictos de alto voltaje, ya que ahora no lo estamos. Estamos defendiendo avanzar en materia social, económica y política, con sus diferentes matices. El actor que debería tener más capacidad para conjugar la defensa apasionada de la democracia liberal y el Estado del bienestar, es la socialdemocracia. Probablemente, si no se compatibilizan, ninguno de estos pilares se aguanta solo. Si quieren garantizar sistemas democráticos estables tienen que cuidar las desigualdades y combatirlas. Los socialdemócratas queremos eso. La historia en el siglo XX nos avala como actor para poder empujar en esa dirección.

¿Cuál es el estado actual de la Gran Coalición en el Parlamento Europeo tras la elección de Antonio Tajani, del Partido Popular Europeo, como presidente de la Eurocámara? 

Con esta elección, el Partido Popular, acaba reteniendo las tres presidencias de las tres grandes instituciones en sus manos. Es algo irreal. No es representativo. Es verdad que es la familia política más grande de Europa, pero no creo que sea un reflejo de la realidad y eso crea disfunciones políticas en la UE. Mi opinión es que Martin Schulz (S&D) ha sido un presidente con una voz muy potente en la Eurocámara y que en cambio, Tajani representa un perfil bajo que no va a abrir mucho la boca. El mismo día de ser elegido le preguntaron sobre la explicación de May sobre el Hard Brexit y dijo “yo de este tema no opino”. El PP está sobredimensionado.

La dinámica parlamentaria fruto de esta elección también va a cambiar. Es cierto que había una lógica de entendimiento, no solo entre PP y S&D, sino entre las fuerzas proeuropeas en su conjunto que se va a ver dificultada. Creo que también es positivo porque, honestamente, no creo que exista una mayoría alternativa sin parte del PP en el Parlamento. Lo único posible sería una coalición de liberales hasta la izquierda, que se ha intentado en muchas ocasiones, pero que no es fácil de articular. Desde Syriza hasta los liberales alemanes hay un espacio muy grande. Aún así hay que intentarlo en los siguientes años. Además Las fuerzas proeuropeas deberían verbalizar y explicitar el conflicto político que existe entre la derecha y la izquierda. Si no, le dejaremos una pista de aterrizaje a los euroescépticos y a la extrema derecha que acabará pasándonos factura.

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