La orquesta de exiliados sirios no conoce fronteras

En un momento de creciente xenofobia marcada por la llegada de refugiados a Europa, una orquesta de exiliados sirios abraza la diversidad de las culturas árabe y europea en Alemania.

El director español Mariano Domingo tuvo la oportunidad de dirigir a 60 músicos de Alepo y otras ciudades asoladas por la guerra en el concierto inaugural de la Filarmónica de Berlín.

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Mariano Domingo (derecha) en un momento del concierto en Berlín el 27 de agosto.

 

Hasta hace poco, cuando le preguntaban por su profesión, Mariano Domingo no sabía si inclinarse por la música o el día a día en la ferretería de sus padres, donde ha trabajado durante años. Ahora la distancia parece haberle dado la respuesta: 2.000 kilómetros separan su localidad, Villarejo de Salvanés (Madrid), de Berlín, donde el pasado mes de agosto dirigió el concierto de apertura de la temporada de la Filarmónica de la capital alemana.

Al aire libre, ante una multitud de espectadores, la batuta de Mariano juntó los sonidos de hasta 60 músicos. Lo destacado del acto es que la orquesta estaba formada únicamente por músicos sirios, la mayoría de ellos exiliados desde el inicio de la guerra en su país. Muchos de ellos, con familia en la destruida Alepo, “habían salido a estudiar o tenían un concierto en el extranjero, y cuando estalló la guerra ya no regresaron”, ha contado el director en una entrevista a través de Skype con ‘El Impuntual’. 

Ahora viven en distintas partes de Europa —Francia, Italia, España, Rumanía, etc.—, pero desde el año pasado, tienen algo más en común que un país de origen asolado por un conflicto civil de más de cinco años que ha causado la muerte de más de 250.000 civiles: Todos ellos forman parte de la Orquesta Filarmónica de Expatriados Sirios (SEPO, en sus siglas en inglés).

La otra cara de Siria

La orquesta la creó el 2015 el contrabajista Raed Jazbeh. Original de Alepo, Raed vive en Alemania desde hace tres años, y contactó a los músicos a través de las redes sociales. La orquesta “es una oportunidad de volver a juntarnos de nuevo”, dijo en una entrevista con el medio alemán DW, y al mismo tiempo, añadió, “una oportunidad para enseñar otra cara de Siria, no las imágenes de guerra y destrucción”.

El objetivo de sus conciertos, como cuenta Mariano, es “la integración de las culturas, un diálogo de igual a igual entre la música árabe y la europea”. No es casualidad que el tema interpretado en el encuentro de finales de agosto, ‘Unisono’, sea una composición ideada por tres músicos sirios en colaboración con el alemán Nicolas Ruegenberg.

Fragmento del concierto de la Orquesta Filarmónica de Expatriados Sirios del 27 de agosto.

 

Una combinación de sonidos típicos orientales y tradición musical europea, explica Ruegenberg en su página web, que quiere “aumentar la conciencia de la diversidad cultural” en Alemania. Del mismo modo, la institución Kultur Leben (Cultura Viva en alemán), que sustenta económicamente la SEPO, trabaja actualmente con distintos proyectos culturales para y con los inmigrantes.

En Berlín hay muchos eventos en favor de la multiculturalidad, cuenta el director madrileño. “Es una ciudad muy integradora, y la gente aquí se ha volcado con los refugiados”, continúa, aunque no por ello ajeno al creciente escepticismo de la sociedad alemana ante las políticas de ayuda a los refugiados de la canciller Angela Merkel o al apoyo que una parte de la ciudadanía ha empezado a dar a partidos xenófobos como Alternativa por Alemania, a quien algunos sondeos sitúan como tercera fuerza política en las elecciones federales del año que viene.

Perder el miedo y los prejuicios

Durante el 2015, la violencia xenófoba en Alemania aumentó hasta un 116%. Son datos del informe ciudadano ‘Gut leben in Deutschland’ (Buena vida en Alemania), una encuesta anual que impulsa el Gobierno federal y en el que se registraron un total de 8.529 casos de crímenes racistas en todo el país. Alemania es solo un ejemplo representativo de la preocupante deriva populista contra los refugiados que vive Europa.

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Encuesta de opinión realizada por el instituto de investigación política Infratest Dimap.


“El desconocimiento genera miedo”
, comenta Mariano, “y cuando las personas tenemos miedo, somos muy fáciles de manipular”. El director, que lleva dos años viviendo en Alemania y trabaja con cuatro orquestas, habla de la necesidad de hacer políticas de integración que den a conocer los refugiados, su realidad y su cultura.

“Eso hace que cambie la idea y el miedo del ‘son personas que vienen a quitarnos trabajo'”, explica, un argumento que ha funcionado muy bien en Alemania oriental, donde casi no hay inmigración. “Los grupos de ultraderecha han aprovechado la coyuntura para generar miedo”, dice, en lugar de dar a conocer a las personas.

Porque “en el momento en que te intercambias experiencias, de igual a igual, deja de haber diferencias de piel, de cultura o de cualquier otro tipo, deja de haber prejuicios”, asegura. Y una de las mejores maneras de entablar ese diálogo es a través de la música. “Lo bueno que tiene la música es que da igual quién la toque, es capaz de llegar al alma de todas las personas, algo que no tienen otros lenguajes”, explica.

Menos fronteras, mayor conocimiento

A sus 39 años, Mariano continúa buscando experiencias nuevas que aporten, como él describe, más colores a su paleta, más diversidad a sus partituras.

No es la primera vez que participa en un proyecto de integración con inmigrantes. Hace dos años hizo un voluntariado en la Asociación Elín, que desde el 1999 realiza proyectos en Ceuta para acoger a subsaharianos que buscan una vida mejor en España y defender sus derechos fundamentales.

La cuestión es “intentar que haya un poco de justicia en el mundo y que las personas que llegan sean tratadas con un mínimo de dignidad“, cuenta el director. Aquí, dice, como en el caso de la SEPO, lo que se busca es que “haya mayor conocimiento y menos fronteras”. “Esto nos hará más libres, más ricos”.

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