‘Brexit es Brexit’ si así lo decide el parlamento

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La activista Gina Miller se dirige a los medios tras el fallo del Tribunal Superior el pasado jueves / GETTY

 

Es el mantra más repetido por unos y otros en los últimos tiempos: ‘Brexit es Brexit’. Sin embargo el calendario previsto para que se produzca ese acontecimiento ha saltado por los aires de un plumazo. La primera ministra británica, Theresa May, quiere iniciar el proceso para salir de la UE en marzo, pero el fallo pronunciado por el Tribunal Superior británico el jueves supone un contratiempo en un ya de por sí enfangado sendero.

De acuerdo con los magistrados, es el Parlamento quien debe decidir si se activa el ‘Brexit’ y no el Gobierno de manera unilateral, como pretendía May. La decisión conlleva grandes implicaciones, más allá de las temporales, e implica la necesidad de acordar los términos de la salida, previamente a su invocación. Esto no será tarea fácil pues habrá que poner sobre la mesa temas escabrosos como la permanencia en el mercado único. Los partidarios del ‘Leave’ y del ‘Remain’ en el Parlamento tendrán que encontrar un término medio que satisfaga ambas partes y votar sobre la invocación de la salida.

El fallo llega después de que un grupo de activistas contrarios al ‘Brexit’ presentara el caso al Tribunal, argumentando que el Gobierno no puede activar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa sin consultar al Parlamento. El grupo, liderado por la gestora de inversiones y filántropa Gina Miller, alegó que el derecho constitucional establece que sólo la cámara alta (la de los lores) y la baja (la de los comunes) pueden revocar derechos de los ciudadanos y apuntó que algunos derechos podrían verse afectados con la pérdida de la ciudadanía de la UE.

La decisión judicial abre un nuevo capítulo de incertidumbre y supone un revés soberano. Tras el golpe, la portavoz de Theresa May aseguró que el dictamen no descarrilaría el calendario establecido y que Downing Street apelaría la decisión a la Corte Suprema, que podría llegar a un fallo el 7 u 8 de diciembre. Los expertos coinciden en afirmar que la Corte dictaminará lo mismo que el Tribunal, apegándose así a la ley y evitando emitir una decisión política. Si así lo hace, le seguirá la redacción de un acta parlamentaria y una votación en Westminster, que podría estar precedida por un largo periplo en ambas cámaras.

¿Impedirá el Parlamento que el Reino Unido salga de la UE?

Aunque el fallo se erige como un contratiempo o atraso, difícilmente supondrá un impedimento o el fin del ‘Brexit’. Y es que parece improbable que los parlamentarios bloqueen la salida del Reino Unido de la UE. Pese a que la mayoría son partidarios de quedarse, representan a circunscripciones que votaron mayoritariamente por el ‘Brexit’.

Dicho de otra manera, los diputados van a tener que elegir si votan de acuerdo con la voluntad de sus electores o basándose en su propio criterio, pero esto último podría costarles el cargo en los siguientes comicios. El profesor de derecho en la Universidad de Durham y uno de los académicos encargados de diseñar la pregunta del referéndum, Thom Brooks, aseguró a El Español que los representantes no intentarán frenar el proceso de salida. “La mayoría de los MP (miembros del Parlamento) están a favor de la permanencia, pero representan a circunscripciones que votaron a favor del brexit, sobre todo en el caso del Partido Laborista. Es difícil que vayan a ir en contra de sus electores”, razona.

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De hecho, el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, declaró tras conocerse el dictamen que no intentará bloquear el resultado del referéndum y que en cambio su partido presionará por “un brexit que funcione”, es decir, por una salida que ponga “el empleo, los estándares de vida y la economía en primer lugar”.

La demora del ‘Brexit’ dependerá, principalmente, de la legislación que se deba aprobar para iniciar el proceso de salida. Cuanto más breve y sencilla sea esta propuesta de ley, menos probabilidades de que los partidarios del ‘Remain’ presenten enmiendas. Según explica el exfiscal general Dominic Grieve a la BBC, las enmiendas podrían permitirse si tienen una vinculación estricta con el proyecto. Podría, por ejemplo, surgir una enmienda para celebrar un segundo referéndum sobre el acuerdo final negociado por el Gobierno.

El principal obstáculo de May, no obstante, serían los Lores. Cualquier legislación debe pasar también por esta cámara, compuesta por miembros no elegidos y que, por lo tanto, podrían tener menos miramientos para votar en contra del ‘Brexit’. En caso que se diese este escenario, poco probable, el Gobierno debería de usar las leyes del Parlamento para anular su poder. Esto, según los cálculos de los expertos, retrasaría el proceso cerca de un año. Y si el artículo 50 no se invocase hasta 2018, la membresía del Reino Unido en la UE se extendería hasta la próximas elecciones generales en la primavera del 2020.

¿Qué podría evitar el ‘Brexit’?

Revocar el resultado del referéndum del 23 de junio, en el que la salida logró el 51,9% del escrutinio, es una misión complicada, sino imposible. Se necesitaría un nuevo referéndum o unas elecciones anticipadas en las que ganaran los partidarios de la permanencia. Este escenario podría darse si se tiene en cuenta el llamado factor ‘Regrexit’ o arrepentimiento por haber votado por la salida de la UE. De acuerdo con una encuesta de ComRes, la economía es ahora lo más importante para el 49% de les británicos, frente al 39% que aún prioriza la inmigración.

Con el panorama actual y el traspiés judicial, la teoría de las elecciones anticipadas gana peso, aunque el Gobierno la ha rechazado. Algunos miembros del parlamento ya han sugerido la necesidad de unos comicios para permitir a la primera ministra consolidar una mayoría parlamentaria que ahora tan sólo se sustenta por una docena de escaños, una cifra débil en caso de someter el ‘Brexit’ a votación. Si May se presentase con un programa electoral donde se especificase llevar a cabo el ‘Brexit’ y ganara, tendría la autoridad política para activarlo. Para anticipar las elecciones, no obstante, son precisos los votos favorables de dos tercios del Parlamento y a los laboristas, con una popularidad bajo mínimos, no les entusiasma la idea.

Más allá de las implicaciones del revés para May, la resolución del Tribunal también plantea problemas para el establishment político de Europa y es que Francia y Alemania harán frente el año que viene a elecciones importantes, con partidos populistas al acecho. La frustración de Bruselas es también patente, pues, aunque le gustaría, no puede presionar al Reino Unido a invocar el artículo 50 e incrementar su diligencia. Mientras la paciencia de la UE se consume, hecho que podría dificultar un buen acuerdo comercial con el bloque, la devaluación de la libra y la subida de la inflación continua.

Brecha entre la democracia representativa y la soberanía popular

En el corazón de la disputa británica, más allá de la permanencia o la salida de la UE, se encuentra “una tensión entre la ley, la voluntad democrática y el lugar de nuestros representantes para determinarla”, explica Francis Hoar en una opinión en The Independent. Hay pues un choque entre el poder judicial, el electorado y el Parlamento.

May rompía su silenció tras el dictamen con una columna el pasado domingo en el The Sunday Telegraph bajo el título ‘Por qué no permitiré que el voto del pueblo británico para Brexit sea saboteado’. Toda una declaración de intenciones. Y es que la decisión de los jueces ha sido percibida por muchos, y así lo han expresado distintos medios de comunicación conservadores, como una “traición” a la voluntad popular expresada en referéndum.

The Daily Mail The Daily Telegraph, los dos periódicos que más contribuyeron a la campaña para la salida de la UE, junto al The Sun, tildaron el viernes en sus portadas a los magistrados John Thomas, Philip Sales y Terence Etherton de “enemigos del pueblo”.

El Daily Mail fue más allá que ningún otro y condenó el fallo judicial como “una traición a la democracia, al pueblo y al sentido común”.

“El Parlamento votó para poner la decisión sobre nuestra pertenencia a la UE en manos del pueblo británico. La gente hizo su elección, y lo hizo de manera decisiva. Es responsabilidad del gobierno seguir adelante con el trabajo y llevar a cabo su instrucción en su totalidad”, dice la Primera Ministra en su columna y añade que los parlamentarios “deben aceptar lo que la gente decidió”.

El referéndum ha ampliado la brecha entre la democracia representativa, con un Parlamento poco favorable a la salida del Reino Unido, y la soberanía popular, que expresó su voluntad de abandonar la UE (con 17, 4 millones favorables), tal y como afirma Pol Morillas, investigador del CIDOB, en un artículo en El Periódico de Catalunya.

Los británicos pagan ahora el precio de la ambigüedad de un referéndum que en su aprobación fue concebido como consultivo y no como vinculante y que preguntaba a los votantes sobre el ‘sí’ o el ‘no’ a la salida de la UE, pero no sobre sus opiniones sobre las condiciones.

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