El odio nos está matando en México

Foto tomada de Internet.
Protesta contra feminicidios en México. Foto tomada de Internet.

Al llegar a España a finales de septiembre del 2015, algo llamó mi atención: cuando una persona desaparecía, era asesinada o ultrajada, inmediatamente saltaba la indignación de la opinión pública y la exigencia de justicia tanto en la prensa como en las redes sociales. El mayor enojo era causado por los crímenes de género.

El sentido común en cualquier país democrático apunta a que todo crimen debe ser investigado y castigado en aras de ejercer justicia. Por eso, la indignación no debió sorprenderme, según este sentido común. Pero mi asombro tenía una razón: para mí era normal pues diariamente ocurren cientos de homicidios en México.

En el 2015, las Procuradurías Generales de Justicia y Fiscalías Generales mexicanas registraron unos 36.289 homicidios. Esta cifra significa un promedio de casi 100 víctimas diarias por este crimen que han sido registradas en averiguaciones previas iniciadas, o carpetas de investigación. Evidentemente faltaría sumar aquellos crímenes que no son reportados ante las autoridades.

reportes2

metroParte de la normalización de estos crímenes en México, en parte, se debe a la prensa roja, con tabloides como Metro, El Gráfico o La Prensa -con un precio menor a un cuarto de euro- que juegan con las figuras en sus titulares e imágenes gráficas en sus primeras planas para informar sobre los asesinatos en el país.

Estas publicaciones con fotografías grotescas y violentas que cuelgan en los kioscos de periódicos son muchas veces en la fuente primaria de información de un importante grueso de la población del sector popular (alguna vez un taxista me decía que mediante ese tipo de periódicos se enteraba si les pasaba algo a sus compañeros).

Si sumamos a la guerra contra el narcotráfico y las agresiones mortales entre los mismos grupos del crimen organizado que día a día ocupan algún espacio en los telediarios, la prensa y los sitios web, ¿qué otra cosa podríamos esperar que habituarnos a estos escenarios dentro de nuestra cotidianidad?

En el año que pasé en España pude atenuar esta normalización de los crímenes: un homicidio, una violación o incluso cualquier muestra de violencia no debe ser normal, no está bien, no debe ocurrir. Ahora de regreso a la Ciudad de México, lo que veo con otros ojos me aterra: asaltantes que asesinan a pasajeros del transporte público; la sociedad civil tomando venganza contra los delincuentes con la ilusión de hacer “justicia” con sus propias manos ante las autoridades que se han visto sobrepasadas por -o que actúan en complicidad con- el crimen organizado; y los campos de exterminio de cárteles del narcotráfico.

Quizás esta realidad siempre ha estado ahí pero me había acostumbrado a verlo sin mucho asombro. Aunque hay algo que empieza a salir de la homogeneidad de los homicidios a la que nos hemos acostumbrado: los crímenes de odio en contra de mujeres, transexuales, travestis. Odio en contra del género femenino y la comunidad lésbico-gay, bisexuales y transgénero (LGBT).

#VivasNosQueremos #NiUnaMenos

En los últimos 15 años, de 2000 a 2014, el número de las mujeres asesinadas asciende a 26.267, que en promedio significa 5,1 por día. Del 2000 al 2014 la cantidad de los homicidios anuales se duplicó al pasar de 1.284 a 2.349, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México. Un dato más reciente de la ONU revela que 6.488 mujeres fueron asesinadas entre 2013 y 2015.

Los feminicidios en México han sido una dolorosa constante entre la sociedad mexicana. Hace un par de décadas, escuchábamos los asesinatos contra mujeres en Ciudad Juárez (“Las Muertas de Juárez”), una ciudad fronteriza con Estados Unidos donde se localiza una importante actividad manufacturera.

En el Estado de México, entidad gobernada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de donde fue mandatario el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto,faltan registros confiables sobre los feminicidios, pero existe una realidad: ya superó a los de Ciudad Juárez hace 20 años. Un artículo de Vice News cita a Humberto Padgett, coautor del libro Las muertas del Estado, publicado en 2014, quien ha contabilizado 1.997 muertes en esta entidad. Esto es, casi 500 homicidios más que los registrados en Ciudad Juárez durante un periodo de 20 años.

Pero los feminicidios no paran, al contrario: basta darse una vuelta por la prensa mexicana y los medios sociales para darnos cuenta que los asesinatos de mujeres ya es una epidemia social. Activistass exigen a las autoridades que se enciendan las alertas por violencia de género.

Y a estos se suman los crímenes por homofobia y transfobia.

14670870_10209681076516647_5158886141574030708_nDe acuerdo con un reportaje de la revista Proceso, en seis meses México registró dos ataques armados en lugares de reunión para la comunidad lésbico, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero e intersexual (LGBTTTI) en el balneario de Acapulco y en el violento estado de Veracruz. El saldo: 9 muertos y al menos 18 heridos.

En las últimas semanas, han salido a la luz más crímenes por transfobia. El pasado 30 de septiembre, Paola, una mujer transgénero fue asesinada en la ciudad de México. La chica que ejercía el sexoservicio (actividad que no está regulada en México) fue abordada por un hombre quien le ofreció 200 pesos (unos 10 euros) para tener relaciones sexuales y segundos después el hombre la asesinó supuestamente porque Paola no le había revelado que era una mujer trans.

A mediados de octubre, la defensora de los derechos de las personas transexuales y sexoservidoras, Alessa Flores, fue asesinada también en la Ciudad de México. Las alarmas se han levantado ya. La ciudadanía ha salido a la calle en protesta en contra la violencia de género y para demandar la protección y seguridad tanto a mujeres como a la comunidad LGBT.

Con una situación de violencia generalizada en el país, donde aún no se esclarecen casos emblemáticos como el paradero de los 43 estudiantes desaparecidos de la escuela rural de Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, desaparecidos hace dos años presuntamente por las autoridades estatales, se suman estos crímenes de odio que el grueso de la sociedad no está dispuesta a tolerar.

Los registros oficiales apuntan a que en septiembre, unas 116 personas fueron víctimas de homicidio diariamente. En lo que va del 2016, las autoridades mexicanas contabilizan unos 29.152 asesinatos en el país.

reportes1Pero más allá de cómo esta situación ha generado una desaprobación histórica de Peña Nieto por parte de la ciudadanía y ha opacado su gestión, el regreso a México me ha llevado a una reflexión: tenemos un gobierno que odia a sus ciudadanos; unos ciudadanos que odian a su gobierno y a los que los agreden directamente; un odio entre los mismos ciudadanos; un odio contra las mujeres y a las personas que generan diversidad a la sociedad mexicana, contra todos nosotros.

Sí, esto es odio. Y el odio nos está matando en México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *