Las ‘puertas giratorias’, la otra enfermedad europea

El expresidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, en una sesión plenaria / Frederick Florin (AFP)

 

“Yo no lo hubiera hecho”, sentenciaba Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea (CE) al ser preguntado por el nuevo cargo de su antecesor, José Manuel Durao Barroso. El portugués fue nombrado este verano presidente no ejecutivo de Goldman Sachs, el banco de inversión americano. Las declaraciones de Juncker el pasado julio en una entrevista en France 2 reavivaron una polémica en Europa que, meses después, está muy lejos de ser apaciguada.

Las ‘puertas giratorias’ no son precisamente una novedad. Pero el fichaje del ex presidente de la Comisión Europea ha sido la guinda del pastel. El portugués estuvo al mando del Ejecutivo comunitario entre 2004 y 2014 y en este periodo tuvo que lidiar con la crisis financiera que agitó Europa tras la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008. La gestación de una crisis financiera en la que Goldman Sachs, por cierto, jugó un papel destacado, al ser uno de los bancos de inversión involucrado en la llamada ‘crisis de las hipotecas basura’

La rotativa europea

Así, como el que alcanza la gloria post-mortem, al mandato del portugués le persigue la fama. Y no solo por su gestión de una crisis que continúa, sino también por una agenda institucional muy ligada a las grandes empresas y bancos. Barroso, que no se fue entre muchos aplausos, será ahora el encargado de asesorar sobre la salida del Reino Unido de la Unión. Sin duda, la perfecta maniobra para lidiar con la deslegitimación de Europa.

La legalidad europea

“El señor Barroso ha respetado todos los procedimientos previstos”, comentó Juncker en la entrevista. Las ‘puertas giratorias’ son perfectamente legales según la normativa europea, cuya única restricción es que los comisarios no pueden realizar labores de lobby ante las instituciones durante los 18 meses después de dejar la institución. Una medida exigida para evitar que los responsables de las políticas comunitarias hagan uso de su “información privilegiada” y sus valorados contactos en las direcciones generales.
Durante estos 18 meses, además, están obligados a notificar a la Comisión las ofertas de trabajo que pretenden aceptar. Si se observa que puede haber conflicto de intereses, la institución puede pedir que su Comité de Ética se pronuncie.

El legado de Barroso

Pero si hay una noticia más halagüeña que el posible conflicto de intereses existente en el nuevo protagonismo del señor Barroso en el Banco de Inversión, es sin duda la lista de comisarios que han pasado a mejor vida: al sector financiero o a grupos de presión. Según el Corporate Europe Observatory (CEO), 9 de los 26 ex comisarios del equipo Barroso han hecho uso de las ‘puertas giratorias’. Para CEO, que se dedica al escrutinio de la actividad corporativa en Bruselas, “al menos 7 de los cargos ostentados por 4 ex comisarios no deberían haber recibido la autorización por posibles conflictos de intereses”. No obstante, de las 98 propuestas entre noviembre de 2014 y noviembre de 2015, solo 37 propuestas de empleo fueron estudiadas por el Comité de ética y solo en tres ocasiones se llegó a la retirada de la propuesta.

Los casos de los comisarios Kroes y de Gucht

El CEO ya mencionaba entonces casos como el de Neelie Kroes. La excomisaria de Competencia, pasó como consejera a filas del Bank of America Merrill Lynch, uno de los bancos más grandes de Estados Unidos. Un puesto que le supo a poco, dado que también tiene un cargo en el Consejo de Administración de Salesforce y de Uber, a la que defendió durante su cargo frente a la presión de los taxistas en ciudades como Bruselas, donde hoy puede operar tras algunos cambios.

Pero su caso ha vuelto a primera línea de fuego recientemente, al descubrirse además que administró una sociedad opaca en Bahamas mientras era Comisaria entre 2000 y 2009. Un auténtico y recurrente dolor de cabeza para la Comisión.

Otro traspaso sonado fue el del excomisario de Comercio, Karel de Gucht. Durante su mandato fue uno de los principales interlocutores en las primeras rondas negociadoras del acuerdo de libre comercio (TTIP, por sus siglas en inglés) con Estados Unidos. Ahora es miembro del consejo de administración de las empresas de inversión Merit Capital y CVC Capital Partners, y también de Belgacom, el principal operador de telecomunicaciones de Bélgica.

Los españoles no se salvan

Y sin dejar pasar la huella de la ‘marca España’ en este asunto, Joaquín Almunia, ex comisario de Competencia, recibió la autorización de la Comisión para desempeñar 13 cargos. Finalmente se decantó por una pagada membrecía en el comité científico que lleva a cabo el estudio Construyendo la Unión Energética Europea del European House-Ambrosetti, una consultoría italiana que también incluye entre sus filas a personal directivo de la mayor multinacional energética italiana Enel y los importantes bancos de ING o JP Morgan, entre otros.

Sin olvidarnos de Miguel Arias Cañete, que no ha tenido que dejar su cargo para verse salpicado por otra polémica, como el de Acuamed, por el que se tuvo que defender el pasado mes de julio en una audiencia en la Eurocámara. El actual comisario de Acción por el Clima, además, se ha visto implicado en los papeles de Panamá por una cuenta en Suiza vinculada a su mujer, Micaela Domecq.

En definitiva, las puertas giratorias no son una novedad, pero las circunstancias han precipitado que estén en el ojo del huracán, expuestas a tal nivel que han terminado por irritar a la opinión pública. Como reconoció Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos y Financieros a principios de octubre en la Eurocámara, al hablar sobre la eficacia de la transparencia y el código de conducta de la Comisión. Y en este sentido, afirmó que “ninguna regla” hubiera “evitado” casos como el fichaje de Barroso por Goldman Sachs.

Una sentencia que solo corrobora el mayor miedo europeísta, y es que la enfermedad europea es crónica. En un momento de debilidad institucional alimentado por una larga crisis económica, escándalos de corrupción y el Brexit; el incesante girar de las puertas poco contribuyen a la cura contra una deslegitimación que amenaza la supervivencia del proyecto europeo.

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