Erdogan y Gülen: de aliados a archienemigos

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Erdogan, izda., y Gülen, dcha., antiguos aliados en los 90 / DAILY MAIL

El caos se apoderó de Turquía la noche del pasado viernes 15 de julio tras un golpe de Estado que resultó fallido pero que bien pudo haberle costado el actual puesto de presidente de la República a Recep Tayyip Erdogan. Sectores de las fuerzas armadas turcas se sublevaron para tratar de hacerse con el poder en el país pero finalmente los militares y policías leales a Erdogan hicieron fracasar la intentona golpista. El balance inmediato tras los enfrentamientos fue de 265 fallecidos, entre ellos más de un centenar de golpistas y 47 civiles. Cerca de 1.500 personas resultaron heridas y algunos edificios militares, policiales y administrativos -entre ellos el Parlamento- sufrieron importantes daños.

En los días siguientes al golpe y tras declarar el estado de emergencia, el gobierno detuvo o apartó de su puesto a más de 20.000 funcionarios de las distintas administraciones por su presunta implicación en el levantamiento, una verdadera purga que recuerda a la efectuada tras el exitoso golpe militar de 1980. El gobierno tiene en el punto de mira a todo funcionario sospechoso de formar parte de la influyente comunidad del clérigo Fethullah Gülen -autoexiliado en Estados Unidos- al que acusa de estar detrás de la sublevación. Él deniega toda responsabilidad al respecto en un reciente artículo de opinión en The New York Times, en el que carga duramente contra el autoritarismo del mandatario turco.

La mayor cofradía islámica de Turquía

¿Pero quién es este hombre cuyo nombre mencionan los medios a toda hora? ¿Cuál es su relación con el presidente Erdogan y, en concreto, con el golpe de Estado? Gülen es la cabeza de Hizmet, una cofradía islámica cuyo nombre significa ‘servicio’ y que se calcula que congrega, sólo en Turquía, a alrededor de 8 millones de personas, un 10% de la población del país. Los expertos la comparan con el Opus Dei católico tanto por sus ideas -conservadoras en el plano social y liberales en lo económico- como por su influencia. La revista Time incluyó a este líder espiritual en su lista de las 100 personas más influyentes del año 2013. Y es que posee una extensa red de escuelas, universidades y hospitales privados, así como medios de comunicación y empresas. Además de en Turquía también está presente en Asia Central, África y América.

Aunque Gülen ha amasado grandes cantidades de dinero a lo largo de su vida, en su juventud tuvo que conformarse con el sueldo que recibía del Estado como imán en la moderna ciudad de Esmirna, situada en la costa del mar Egeo. Nacido en 1938 en la provincia de Erzurum, en el este de Turquía, fue en dicha ciudad costera donde comenzó a congregar a su alrededor a una importante comunidad de fieles. Su discurso fusionaba las ideas de Said Nursi -teólogo de la primera mitad del siglo XX- con el nacionalismo turco y la defensa de la economía de mercado. Considerado un islamista moderado y abierto al diálogo entre religiones, Gülen se reunió con el papa Juan Pablo II en 1998. La comunidad que lidera afirma que concibe un Islam inclusivo y plural, que respeta los derechos de las personas más allá de su etnia, religión o ideas políticas. Condena el terrorismo islamista y defiende la democracia y el avance de la educación en el mundo musulmán.

Tras el golpe de Estado de 1980, Gülen aprovechó que la Junta Militar impulsó la religiosidad como modo de luchar contra las corrientes de izquierdas para extender su organización. En la década de 1990 se apoyó en diversos partidos políticos para aumentar su influencia política, pero finalmente decidió exiliarse a Estados Unidos en 1997, tras el triunfo del golpe militar que acabó con el gobierno del islamista Necmettin Erbakan.

Sus rivales laicos temen que el poder e influencia de esta organización pueda poner en riesgo la laicidad del Estado turco moderno diseñado por Ataturk, mientras que sus detractores islamistas -principalmente el AKP, partido en el gobierno- lo acusan de crear una ‘estructura paralela’ dentro del Estado con el objetivo de derrocar al presidente Erdogan, a través de la infiltración de sus miembros en importantes puestos de las fuerzas armadas, la Administración y el mundo de la empresa.

Alianza contra el poder militar y división de los islamistas

Pero la relación entre Erdogan y Gülen no siempre fue tan tensa. De hecho, los gülenistas ayudaron a la formación conservadora e islamista moderada de Erdogan -el Partido de la Justicia y el Desarrollo, AKP por sus siglas en turco- a conquistar el poder por primera vez en 2002, con la ayuda de sus influyentes medios de comunicación, como el ahora intervenido diario Zaman. Ambas organizaciones islamistas se aliaron para luchar contra el viejo establishment nacionalista y laico que controlaba el ejército desde tiempos de Ataturk, y que había puesto fin a un total de cuatro gobiernos civiles entre 1962 y 1997, alejando del poder a los islamistas en todo momento. Los seguidores de Hizmet infiltrados en las administraciones del Estado, especialmente en el sistema judicial y la policía, fueron de gran ayuda para los planes de Erdogan que pasaban por la organización de varios macroprocesos contra cientos de altos mandos militares acusados de conspiración.

El punto de inflexión en la relación entre ambos se produjo en diciembre de 2013, cuando Erdogan acusó a Gülen de promover, a través de la filtración de pruebas, las investigaciones por corrupción que afectaron a su Ejecutivo cuando el actual presidente era primer ministro. El escándalo llevó a la dimisión de tres de sus ministros. Previamente la deriva autoritaria de Erdogan, las represiones policiales ordenadas por él y su progresiva acumulación de poder transformando el Estado en una república presidencialista con amplios poderes para su figura, ya había alejado al clérigo que acabó por retirarle su apoyo.

Posteriormente el Gobierno turco incluyó al Movimiento Gülenista en la lista de organizaciones terroristas y desde entonces se refiere siempre al movimiento como una ‘estructura paralela’ dentro del Estado para controlar el poder. Tras el golpe, Ankara solicitó a Estados Unidos la extradición de Gülen pero el secretario de Estado, John Kerry, respondió que para ello es necesario que el Gobierno turco aporte pruebas que lo impliquen en la reciente sublevación.

En estos últimos años el AKP ha expulsado a numerosos miembros de Hizmet de las fuerzas armadas y la judicatura, tratando de depurar de la Administración a aquellos a quienes el propio partido había ayudado a elevar. Los gülenistas que quedan en el ejército son, según el periodista Ahmet Sik -que ha investigado a la cofradía islámica-, el ‘cerebro’ del golpe aunque no actuaron solos sino en colaboración con otras facciones militares, también contrarias a Erdogan. Varios análisis en la prensa turca subrayan también esta tesis.

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