La fragmentación del voto amenaza a los reformistas de Hong Kong

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El jefe del ejecutivo de Hong Kong, Leung Chun-ying / SOUTH CHINA MORNING POST

La relación entre el territorio de Hong Kong y el resto de la República Popular China ha sido y continúa siendo objeto de un histórico debate que divide a la población local entre partidarios de mantener el estatus semi-democrático actual como Región Administrativa Especial y aquellos que defienden la necesidad de profundizar en las reformas democráticas encaminadas a obtener una mayor autonomía respecto al Gobierno de Beijing.

Tras más de un siglo bajo dominio británico, en 1997 el Reino Unido devolvió Hong Kong a China y desde entonces el entramado político de este enclave financiero de influencia mundial se ha ido desarrollando entorno a estas dos posiciones. Ejemplo de la puesta en práctica de la idea de ‘un país, dos sistemas’ propuesta por el reformista chino Deng Xiaoping y que hace alusión a la posibilidad de que comunismo y capitalismo convivan en un mismo país, los partidos políticos hongkoneses se dividen en dos corrientes popularmente conocidas como ‘pro-Beijing’ y ‘pan-demócratas’, entre las cuales son evidentes las tensiones.

En septiembre de este año se presentan elecciones legislativas que pueden modificar la composición actual de la cámara regional, dominada hasta ahora por los partidos cercanos al gobierno central chino debido al peculiar sistema de elección de sus miembros: tan solo 40 de un total de 70 escaños se deciden mediante sufragio universal mientras que los restantes se reservan a las llamadas circunscripciones funcionales. Para estas, el electorado es limitado y supuestamente representativo de varios sectores de la sociedad que se considera que juegan un papel crucial en el desarrollo de Hong Kong. Existen circunscripciones comerciales, industriales, del sector financiero, de los servicios de salud o de educación, entre otras.

Puesto que el sector financiero y los grandes empresarios -que votan en numerosas circunscripciones funcionales- apoyan principalmente a partidos pro-Beijing a los que consideran garantes de la estabilidad y el mantenimiento del status quo, las formaciones ‘pro-democracia’ -que cuentan con gran apoyo popular- siempre parten con desventaja en este sistema. A esta situación cabe añadir que en las pasadas elecciones de 2012 los dos principales partidos reformistas (el Partido Cívico y el Partido Democrático) no cosecharon buenos resultados mientras que los grupos ‘pro-Beijing’ consiguieron 17 de los 35 escaños elegidos por sufragio universal, una victoria importante que les permitió dominar la cámara con 16 escaños más que el bando rival.

No obstante, la Liga de Socialdemócratas y el recién formado Partido del Poder Popular, conocidos ambos por formar parte del ‘ala dura’ del bando pro-demócrata -aquellos más críticos con la influencia de Beijing- consiguieron suficientes votos como para poner en tela de juicio la tradicional hegemonía de los dos grandes partidos demócratas, lo que podría confirmarse en las próximas elecciones.

Por otra parte, también es destacable que algunos movimientos sociales surgidos de la llamada Revolución de los Paraguas de 2014, en la que miles de hongkoneses tomaron las calles para exigir mayores reformas democráticas, han comenzado a participar en la vida política y se presentarán a las elecciones de septiembre. Es el caso de los estudiantes activistas de Scholarism, lo que previsiblemente fragmentará aún más el voto reformista. Además comienza a preocupar el auge de formaciones de extrema derecha nacionalista, que apoyan el recurso a la violencia contra las autoridades chinas e incluso abogan directamente por la independencia total del territorio. En una reciente elección de distrito, uno de estos grupos (Hong Kong Indigenous) consiguió el 15% de los votos.

En un artículo del pasado mes de marzo, el analista político hongkonés Albert Cheng aseguraba en el diario South China Morning Post que los ‘pro-demócratas’ deben unirse “en la batalla por la supervivencia” que supondrán las próximas elecciones legislativas. Unos comicios que considera clave y de cara a los cuales advierte: el auge de lo que allí se conocen como grupos localistas -en referencia a HK Indigenous y otros- está provocando que consigan atraer la atención de una parte importante de la base electoral de los partidos reformistas tradicionales.

Por ello cree que el bando pro-democracia, cuyos partidos comparten muchas de las reivindicaciones, debe unirse en las próximas elecciones para poder hacer frente con mayores opciones de éxito tanto a los grupos pro-Beijing, los beneficiados por el sistema electoral, como a los grupos localistas. Cheng cree que, de lo contrario, los partidos Cívico y Democrático -hasta ahora los pilares del reformismo- corren el serio riesgo de volverse irrelevantes en un escenario político cada vez más polarizado.

Un triunfo de las fuerzas reformistas podría allanar el camino para que en un futuro se adopte un sistema de elección plenamente democrático, algo que la Ley Básica -lo más parecido que Hong Kong tiene a una constitución- establece como último objetivo, tal y como acordaron China y el Reino Unido en los años 90. Sin embargo, aún si se diera esta situación, las reticencias de Beijing a que este territorio ‘vaya por libre’ hacen prever que el proceso no será fácil.

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